Hoy manejaba con rumbo al trabajo y escuchaba un noticiero vespertino en el que reporteaban (si me permiten la expresión), que la Ciudad de México era un caos, debido como es de imaginarse a las marchas del 2 de octubre; y aquí lejos de las marchas, los plantones y la contaminación, a treinta y ocho años de lo sucedido en la plaza de las tres culturas escucho la declaración de una “estudiante” de unos veinte años según la descripción del reportero que textualmente declaro “estamos aquí por que ya estamos hartos de la opresión del pinche gobierno”. Yo tengo más tiempo en este mundo que ella, pero no demasiados como para decir que de primera mano supe lo que paso y por que hay que recordar ese día.
Cuando decimos que el dos de octubre no se olvida, creo que debemos reflexionar realmente por que no lo olvidamos, en mi caso es por que a lo largo del tiempo que he investigado como sucedieron los hechos y que lo desencadeno, me he convencido de que la causa que tenían los jóvenes de aquel entonces era buena, tanto que podríamos agradecerles varias cosas a las que tenemos acceso hoy en día en cuanto a educación y libertades estudiantiles, inclusive en cuanto al hecho de las represiones por la fuerza pública.
A riesgo de equivocarme digo, los que ya olvidaron el por que del dos de octubre tal vez sean los líderes que lo vivieron, o más bien olvidaron la dignidad de su movimiento, tan es así que en el zócalo ni siquiera fue un líder estudiantil sino una integrante de otro grupo manifestante la que tomo la palabra en el templete; ¿en que se ha convertido el dos de octubre? En la perfecta oportunidad para una mega-marcha en la que se manifieste cualquier cosa, en el día de los porros enmascarados.
Tal vez lo mejor sería que cada dos de octubre los dichosos lideres reflexionaran lo que eran y querían, con lo que son y hacen hoy, movidos mas que por pasión y convicción por politiquería barata que lo único que les compra es una despensa o dinero por perderse el respeto y permitir que cualquiera camine junto a ellos gritando consignas que nada tienen que ver con lo que no olvidan.


