Miércoles en la noche, escuchando noticias que no me interesan, escribiendo una entrada fingiendo que trabajo en algo de la oficina, con un calor de la changada y esperando la hora de salida; me tomo un tiempo para quejarme de la tensión en los hombros y tomo un trago de agua medio fría.
Hago memoria y me transporto diez años atrás, la única tensión que siento es por salir del trabajo, cambiarme la ropa y ver a que hora comienza la fiesta, no recuerdo la música ni la ropa, lo único que recuerdo son las ganas de desvelarme hasta las tres o cuatro de la mañana, salir casi sin voz del antro por tanto gritar, con unos alcoholes en la panza y tal vez algún ligue, viejos tiempos…
Regresando a la realidad, les diré que no extraño esas salidas de antro ni las desveladas cuatro días seguidos, por que cuando pude hacerlo lo hice y bien, no digo que haya andado de acá para allá como “el príncipe de la canción” (jeje) pero conocí muchas cosas que nadie me va a contar y que sería como raro tener que vivirlas ahora; no me imagino poniéndome hasta el queque en un antro con dos tequilas (guac¡¡) o aprendiendo a fumar a escondidas (jajaja), eso a se aprende antes de los veinte y veinte ya es mucho o se hace el dirículo después (si escribí dirículo y?) más bien lo que de veras extraño ahorita, son las gordas de chicharrón, los pambazos de papa y las quesadillas de flor de calabaza, con harta salsa bien picosa.
Ya para antros mejor un bar, donde no tenga que gritar, que el mesero nunca deje mi tarro vacío, donde den botana decentavo (aunque tenga que pagar un poco más) pongan las rolas que me gustan y pueda ver el fut por que abren tempra; los años no pasan por que si, una desvelada te deja muerto al día siguiente (la verdad) lo bueno es que las crudas ya ni las sientes, digo a estas alturas y que no te la sepas curar en cuanto empiezan a aparecer los síntomas ¡por favor!
Ya no escucho noticias, estoy disfrutando de un poco de rock para terminar la jornada de trabajo, mi botella de agua esta a punto de valer queso y el aire acondicionado ya enfrió un poco más, me cruzo de brazos un momento y echo hacia atrás la cabeza pensando en el desastre que hay en la casa y apenas es mitad de semana (¡que flojera!) una chelita me caería al puro centavazo, o mejor aún una michelada de “las gemelas malvadas” ya les contare de ellas luego, para los que las conocen se les debe haber hecho agua la boca (jaja).
Miércoles en la noche y me doy cuenta que soy un adulto, joven ¡claro!, pero adulto y saben que es lo más aterrador de todo esto. Un adulto limpio, seco, sobrio¡¡¡¡ ¿Por qué DIOS? ¿Por qué?¡¡¡
Tengo que hacer algo para evitar esta condición, luego les cuento que medidas correctivas tome.
Salud para todos¡¡¡